Manolo, el amigo
Manolo Coronado: sabe convertir la vida cotidiana en una fiesta estupenda, lo fugaz en perenne, lo transitorio en permanente. A su lado se siente el clima de lo inesperado, de la magia y la sorpresa, convertidos en contertulios habitua les. Se crea un ambiente distinto, a la vez cautivador y familiar, en donde sentimos que por extraño que parezca todo es real y normal, todo es verdad porque lo hemos soñado así.
Para Manolo, la generosidad, es un modo de ser; la amistad, un imperativo al que jamás se traiciona ni desmerece, y la alegría, un deseo tremendo de compartir con los demás la fiesta y la pala bra y el saludo, y hasta la broma, nunca cruel ni sarcástica, de llevar hacia todos cuanto es grato y agradable en una constante tenacidad de cariños, en una maravillosa tozudez de amores.
Por eso al mirar a Manolo no es importante escuchar lo que dice y ver lo que hace sino enten derlo entero y total en una absoluta tarea de comprensión y afecto.
A Manolo es imposible mirarlo con la razón y la lógica se hace preciso ejercitar en él una visión diferente, la del corazón que nunca nos engaña y en su luz clara lo entenderemos todo y tendremos acceso a la riqueza formidable de sus afectos.

