Manuel Coronado

MOSTRA D'ART ACTUAL A BALEARS

 PALAU SOLLERIC / JUNY-JULIOL 1981 - AJUNTAMENT DE PALMA.

 1942 Nace en Aguilas (Murcia).

 Estudia en la Escuela de Bellas Artes y Oficios de Palma de Mallorca.

 Completa estudios e la Academia de Estocolmo.

 Viaja con Beca de Estudios por Italia, Holanda, Francia y Londres.

 

 b.Exposiciones individuales:

Sala Ateneo. Mahón; Galería Ariel. Palma de Mallorca; Sala Ateneo. Madrid; Galería Latina. Estocolmo; Gallery Petit. Londres; Galería Punto. Valencia; Galería Windsor. Bilbao; Galería Latina. Palma de Mallorca; Galería la Rueda. Beirut; Sala Piquio. Santander; Galería Picasso. Menoría; Galería Aries. San Sebastián; Galería la Balduina. Roma; Galería II Gianicolo. Peruggia (Italia); Galería Umbria. Regio di Calabria (Italia); Galería Maturana Ituriza (Alava).

c.Exposiciones Colectivas:

Bienal Nacional de Bellas Artes. Bilbao; III Exposición Internacional. Ibiza; Salón de Mayo. Paris; Exposición Internacional de Merignac (Francia); I Concurso Nacional de Pintores jóvenes Blanco i Negro; Pintura Joven Española. New York; Exposición Nacional de Bellas Artes; Museo de Arte Moderno. Madrid; Premio Rodríguez Acosta. Granada; Galería Punto. Valencia; homenaje a Miró 80 años. Palma de Mallorca; ADL de ilustración Mar de Plata.

d.Premios:

Premio de Pintura UNICEF; Medalla de Pintura “Salón de Otoño”. Palma de Mallorca; Premio de Pintura “Ciudad de Murcia”; Premio de dibujo R.A.D Bélgica; Medalla de Honor “Premio Ciudad de Palma”; Beca de Estudios “Fundación Joan March”; Premio Ciudad de Palma de Pintura; Premio Línea de las Artes. Murcia.

2. UNA SENDA SUTILMENTE POETICA

Hay pintores que pintan almas y paisajes con el alma (Fra Angélico, Patinar), pintores que pinta lucubraciones y pensamientos con la cabeza (Rembrant, Velásquez), pintores que pintan suspiros con el sentimiento, soplando como una aura suave (Zurbaran y en sus antípodas Watteau), pintores que pintan primorosas huidas con la mano (Murillo, Rafael), pintores que pintan la zurrida historia del hombre con los testículos (Goya, don Pepe Solana) pintores que pintan ángeles y campesinos con el afilado corazón a flor de pie (El Greco, Van Gogh) y pintores, entre otras cien especies y pelajes, que pintan lo que quieren con lo que les da la gana (Leonardo, Picasso). Todos los caminos del dédalo de la gloria, todos los senderos de este laberinto iluminado pueden ser saludables o tortuosos y tropezadores (según intenciones, circunstancias y resultados, que en el arte hay que saber nadar contra corriente y guardar la ropa), y no los hay ni mejores ni peores porque todos ellos pueden servir aunque ninguno –nadie lo olvide– brinde garantía ni selle patentes de corso. Quizá el mayor encanto de las artes que entran por los ojos sea la incertidumbre ante la ignorada ordenación de tabladillo, desolado o ubérrimo, que nos espera agazapándose tras cada esquina o a la vuelta de cada recoveco del desgalgadero en el que todos los colores acarician, como una esclava de muy sumisa sabiduría, o ciegan, igual que el rayo que ignoran la piedad.

Coronado es un hombre que marcha, por la vida y el arte, con paso etéreo y firme; un pintor que camina por la senda –por él mismo trazada y discurrida –vagamente, sutilmente poética y sembrada de amables líneas curvas sapientísimas y pinceladas acariciadoras y casi mimosas y celestes. Desde su retiro campesino, entre nubes y alondras y margaritas blancas y doradas y vetustos y barrocos olivos verditrazos que se persiguen y entrecruzan con bien pensada y arrogante cautela. El arte de la pintura, en Coronado, es algo fatalmente necesario e inabdicable, algo que aflora de dentro a fuera como la salud a la cara o la tersura al pétalo de la flor.

En este sentido cabe decir que Coronado se funde con la pintura y aún es la pintura misma, como en el aire se baten los elementos que lo forman y que, escindidos y aislados, ya no son aire meros conceptos punto menos que inaprensibles e inefables.

Es Coronado y en su pintura –ante el pintor y su huella narrable– ya no cabe discutir ni su talento, ni su eficacia, ni su maestría –condicionamientos que tiene harto demostrados– sino su intención y buen deseo de acertar o, quizá mejor de adivinar la belleza, eso que para John Keats es sinónimo de la verdad. Y aún la verdad misma.

Leonardo da Vinci asegura que la pintura es una poesía muda y la poesía, una pintura ciega. Coronado piensa lo mismo (y si no lo piensa, lo intuye, que tanto monta) y en sus telas la poesía canta en silencio y es desnuda, descarada y gloriosa, ante nuestro mirar estupefacto y también agradecido. (A lo mejor, cerrando los ojos ante un cuadro de Coronado, pudiera escucharse su melodía, oirse su cadencia.

Coronado es un pintor al que he visto, ya no crecer, sino nacer. Aquel mozo que, apoyado en la muleta del entusiasmo más saludable y desorbitado y sin límite, robaba horas al sueño, para pintar, y pan a las flacas carnes, para comprar colores, es hoy un maestro al que se le abren las puertas más difíciles y ante al que se inclinan las cervices menos domésticas. Coronado es la prueba fehaciente de que el talento devora a la anécdota como Saturno a sus hijos: sin remisión posible y sin que se conozca fuerza alguna capaz de evitarlo. Por los múltiples cauces de su arte discurre un agua única y purísima, mansa o brava, según los vientos que soplen, pero siempre diáfana y de exacta y bien medida emoción. Y ése –que no ningún otro– es el valor de su obra: un valor substantivo y de la mejor ley que no se detiene ante las adjetivas aduanas de los pontificales (y falsos) dictados de quienes se obstinan en dictar a ojo de buen cubero y sin encomendarse a Dios ni tampoco al diablo.

Coronado es pintor que pinta poesía, el esqueleto, el espectro de la poesía, con los ojos atónitos y el alma en vilo y sobrecogida de fervor.

Camilo José Cela

 

Textos:

Con esta nueva muestra, que presenta en Palma su tierra adoptiva, Coronado demuestra una vez más su talento, su sensibilidad y su buena técnica, lo que sin duda significará un nuevo éxito en su ya larga trayectoria de gran artista.

Pedro A. Serra

Académico de Bellas Artes.

La pintura de Manuel Coronado contiene la influencia de lo que le ha tocado vivir: desde el color y la sensualidad formal mediterráneas al provincialismo impuesto por la dictadura franquista y el cosmopolitismo y la dimensión libertaria con los que el pintor neutralizó las exigencias meramente comerciales del mercado de la época. Porque, hasta hoy, nadie, ninguna crítica, ha podido encasillar el trabajo de Coronado. Sólo en el ejemplo de Picasso tiene explicación la evolución pictórica de Manuel Coronado. No sólo por el color y la influencia mediterránea; también por la desobediencia a cualquier escuela o academia, tendencia o moda. Manuel Coronado pinta de acuerdo con lo que vive.

Ignacio Fontes de Garnica.

Poeta.

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